¿Y si la pasión no se encuentra, sino que se reconoce?

COLECCIÓN «¿POR QUÉ NO CONSIGO…?»

Esta nueva edición forma parte de una colección de 5 cuadernillos de autoobservación, creados para investigar algunos de los patrones, pensamientos y formas de relacionarnos con diferentes aspectos de nuestra vida.

CUADERNILLO 04

¿POR QUÉ NO CONSIGO SABER QUÉ ME APASIONA?

Un cuaderno de autoobservación para comprender, investigar y reconocer aquello que nos mueve.

¿Y SI LA PASIÓN NO SE ENCUENTRA, SINO QUE SE RECONOCE?

Después de más de cuarenta años de estudio, investigación y experiencia vinculada a la mediumnidad y al estudio del alma, hay preguntas que ya no puedo mirar de la misma manera que cuando comencé. Una de ellas tiene que ver precisamente con la pasión.

Durante mucho tiempo podemos pensar que una pasión aparece cuando encontramos algo que nos gusta especialmente. Como si estuviera ahí fuera, esperando que algún día la encontremos. Pero mi propia experiencia me ha llevado a contemplarlo también desde otro lugar: ¿y si algunas de las cosas que sentimos como una pasión no llegan realmente a nosotros, sino que las reconocemos?

No me refiero a que todo esté predeterminado ni a que cada persona tenga una única actividad que deba encontrar para cumplir con su vida. Tampoco creo que un propósito tenga que ser algo rígido, cerrado e inmutable. Al contrario. A lo largo de la vida podemos cambiar, aprender, atravesar experiencias diferentes y descubrir nuevas capacidades. Lo que hoy considero importante puede transformarse mañana. Un propósito puede expresarse de distintas maneras y adquirir formas que anteriormente ni siquiera podía imaginar.

Pero quizá exista algo más profundo que permanece.

Desde la mirada espiritual con la que he trabajado durante tantos años, existe la idea de que llegamos a esta experiencia con determinados aprendizajes, experiencias o propósitos que no necesariamente recordamos de manera consciente. No se trataría entonces de venir a inventarlo todo desde cero, sino de recordar, reconocer y manifestar aquello que ya forma parte de nosotros.

Y aquí la pasión adquiere para mí un significado diferente. Quizá esa sensación que aparece cuando algo me atrapa, cuando pierdo la noción del tiempo, cuando quiero investigar, escribir, aprender y profundizar, no sea solamente entusiasmo. Quizá sea una forma de reconocimiento.

Hay algo que me resulta especialmente significativo cuando pienso en esto. Hoy estoy escribiendo estas páginas y, mientras escribo, puedo tener la sensación de que estoy creando algo nuevo. Estoy eligiendo las palabras, ordenando las ideas, construyendo un texto que antes no estaba delante de mí. Pero, al mismo tiempo, muchas veces tengo otra sensación: la sensación de que esto ya estaba de alguna manera dentro de mí.

No sé exactamente cómo iba a expresarse. No conocía todas las palabras. No sabía cuándo aparecería ni qué forma tendría. Pero estaba. Y ahora, mientras escribo, no solamente lo estoy creando. También lo estoy reconociendo, lo estoy haciendo visible, lo estoy manifestando.

Esta idea cambia bastante mi manera de comprender la pasión. Porque quizá una pasión no siempre sea algo que tengo que encontrar fuera de mí. Puede ser algo que necesita determinadas experiencias para hacerse consciente. Puede permanecer dormido durante años, aparecer en un momento inesperado, desaparecer temporalmente cuando las circunstancias de la vida ocupan todo nuestro espacio y, sin embargo, volver.

No necesariamente porque algo externo haya venido a buscarme, sino porque yo he vuelto a estar disponible para reconocerlo.

También por eso considero importante no convertir el propósito en una sentencia. Si pienso que «mi propósito es esto» y lo convierto en una obligación, puedo terminar encerrándome en una definición. Pero si comprendo el propósito como una dirección que puede expresarse de diferentes maneras, puedo seguir creciendo sin perder aquello esencial.

Quizá hoy mi pasión se manifieste escribiendo. Mañana puede manifestarse enseñando. En otro momento puede expresarse investigando, acompañando, creando o compartiendo algo que he aprendido. La forma puede cambiar. Lo que me mueve puede permanecer.

Y tal vez eso explique por qué algunas actividades aparecen repetidamente a lo largo de nuestra vida. Las dejamos, regresamos, las transformamos y volvemos a encontrarnos con ellas desde una versión diferente de nosotros mismos. Ya no somos exactamente quienes éramos cuando comenzaron a formar parte de nuestra vida, pero algo de aquello que nos atraía sigue ahí.

Desde esta perspectiva, quizá descubrir qué me apasiona no consista solamente en preguntarme:

«¿Qué quiero hacer?»

También podría preguntarme:

«¿Qué siento que estoy recordando?»

Y esta pregunta, para mí, tiene una profundidad especial. Porque quizá algunas de las cosas que más nos apasionan no vienen a enseñarnos quién debemos ser. Quizá vienen a recordarnos quiénes ya somos.

Y cuando finalmente les damos espacio para expresarse, sentimos algo difícil de explicar. No siempre parece que estemos encontrando algo nuevo. A veces parece que estamos reconociendo algo que llevaba mucho tiempo esperando nuestra atención.

Quizá por eso, cuando una pasión vuelve a encontrarnos y dejamos de luchar contra ella, cuando finalmente le damos un lugar en nuestra vida, no sentimos necesariamente que estamos comenzando un camino.

A veces parece que estamos volviendo a casa.

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