El recorrido de una influencia
De lo externo a la codificación interna
Durante años he investigado los implantes energéticos y, con el tiempo, fui comprendiendo que no todo aquello que influye sobre una persona llega, se instala y permanece de la misma manera.
Hay influencias que proceden del exterior y que, al entrar en contacto con nosotros, pueden encontrar en nuestro campo energético un lugar donde sostenerse. En determinadas circunstancias pueden permanecer allí y comenzar a relacionarse con nuestra propia estructura.
Pero también existen situaciones diferentes: acontecimientos rápidos, inesperados y de gran impacto —como puede ser un accidente, una noticia inesperada, una pérdida o cualquier experiencia que irrumpe de forma repentina— en las que no necesariamente existe un proceso prolongado de instalación.
Lo que me interesa investigar no es solamente aquello que ocurrió, sino qué sucede después de que aquello ocurre.
Porque una experiencia puede dejar una impresión; esa impresión puede generar una interpretación, y esa interpretación puede convertirse en una creencia. Con el tiempo, una creencia puede generar un patrón que termina influyendo en la manera en que una persona piensa, siente, decide y actúa.
Por eso, cuando investigo un posible implante o una estructura que está condicionando a una persona, no parto directamente de la idea de que todo aquello que sucede tiene necesariamente un origen externo. Primero necesito comprender qué ocurrió, cómo fue recibido, qué significado adquirió y dónde encontró el sostén que permitió que continuara actuando.
Esta diferencia es fundamental para mi forma de trabajar. Una cosa es el acontecimiento que vivimos y otra muy diferente es aquello que puede quedar construido alrededor de ese acontecimiento.
El acontecimiento puede terminar.
La codificación que se produjo alrededor de él puede continuar.
El sostén
Cuando una influencia encuentra dónde permanecer
Cuando hablamos de una influencia externa, existe una cuestión que para mí resulta fundamental: que algo llegue hasta nosotros no significa necesariamente que vaya a instalarse.
Una influencia puede atravesar nuestro campo energético y no encontrar las condiciones necesarias para permanecer. Pero en determinadas circunstancias puede encontrar un punto de apoyo, un lugar donde sostenerse y comenzar a relacionarse con nuestra propia estructura.
Ese sostén puede estar relacionado con una experiencia anterior, una vulnerabilidad, una creencia, un miedo, una necesidad, una identificación o incluso con algo que hemos repetido durante mucho tiempo.
Por eso, una de las preguntas más importantes de mi investigación no es solamente “¿qué ocurrió?”, sino “¿qué hizo posible que aquello continuara actuando?”
Pensemos, por ejemplo, en una persona que durante años ha vivido escuchando que “el dinero nunca alcanza”. Puede haberlo escuchado dentro de su familia, haber crecido viendo preocupación constante por los gastos o haber atravesado realmente momentos de dificultad económica.
Con el paso del tiempo, aquella experiencia puede dejar de ser solamente un recuerdo. La persona comienza a relacionarse con el dinero de una manera determinada: controla lo que gasta, hace cuentas constantemente, revisa cuánto tiene disponible y, aun pudiendo permitirse algo, aparece una preocupación que le hace pensar:
“¿Realmente puedo gastar esto?”
En ese momento podemos observar algo importante. Quizás ya no existe ninguna persona diciéndole que el dinero no alcanza. Quizás aquella situación económica ya terminó. Sin embargo, la forma de relacionarse con el dinero continúa.
La persona recibe un ingreso y piensa inmediatamente en lo que tendrá que pagar. Compra algo y vuelve a hacer cuentas. Tiene dinero, pero continúa sintiendo que puede faltarle.
Entonces la investigación cambia de lugar. Ya no se trata solamente de preguntar qué está ocurriendo con el dinero. Hay que investigar qué relación se construyó con él, cuándo comenzó, qué experiencias participaron y qué estructura continúa manteniendo actualmente ese patrón.
Y aquí aparece una diferencia que considero esencial dentro del Método M.I.E.: no debemos confundir la manifestación con aquello que la sostiene.
Lo que vemos puede ser una preocupación permanente por el dinero, una dificultad para mantener una relación estable, una necesidad constante de controlar o una imposibilidad para avanzar. Pero aquello que vemos puede ser solamente la expresión final de una estructura mucho más profunda.
Por eso, antes de intervenir, necesitamos seguir el recorrido hacia atrás: buscar el origen, comprender cómo se construyó el sostén y descubrir qué continúa manteniéndolo activo en el presente.
Cuando el pasado sigue tomando decisiones
La manifestación no siempre nos muestra el verdadero origen
A medida que fui profundizando en esta investigación, comprendí que muchas veces la persona llega mostrando solamente la parte visible del problema. Me dice: “No consigo tener una pareja estable”, “Siempre tengo problemas con el dinero”, “No puedo avanzar” o “No consigo dejar de pensar en esto”.
Pero esa manifestación es solamente el punto desde el cual comenzamos a investigar. No significa necesariamente que allí se encuentre el origen.
Mi pregunta no es solamente “¿qué te está pasando?”, sino “¿qué está interviniendo entre aquello que quieres y aquello que finalmente haces?”
Un ejemplo: no conseguir mantener una pareja estable
Pensemos en una persona que desea profundamente tener una relación estable, pero una y otra vez termina viviendo situaciones similares. Comienza una relación, se vincula, aparece el miedo, comienza a desconfiar, interpreta determinadas señales, intenta controlar lo que está ocurriendo y finalmente la relación se deteriora.
Después de varias experiencias puede aparecer una conclusión:
“Siempre termina pasando lo mismo.”
Y esa conclusión puede convertirse en una nueva confirmación de aquello que la persona ya cree. El resultado vuelve a alimentar la creencia y la creencia vuelve a influir sobre sus decisiones.
Por eso, cuando investigo un caso así, no me quedo únicamente con la ausencia de una pareja estable. Voy hacia atrás. Pregunto cuándo comenzó, qué experiencias fueron significativas, qué ocurrió en relaciones anteriores, qué creencias existen alrededor del vínculo, qué miedos aparecen y, sobre todo:
¿Qué sostiene actualmente este patrón?
Otro ejemplo: cuando el dinero ocupa permanentemente la mente
Hay personas que desean tener tranquilidad económica, pero viven permanentemente pendientes del dinero. Pueden tener ingresos suficientes para realizar determinados gastos y, sin embargo, antes de comprar algo necesitan hacer cuentas.
Compran y vuelven a calcular. Miran el banco. Piensan en los próximos gastos. Calculan cuánto quedará. Y aunque realmente quieran permitirse aquello que desean, aparece nuevamente la necesidad de controlar.
En estos casos, para mí resulta importante distinguir entre tener una preocupación económica real y haber construido una relación permanente de vigilancia alrededor del dinero.
Entonces vuelvo a investigar: ¿cuándo comenzó?, ¿qué ocurrió?, ¿qué se vivió en la familia?, ¿qué frases se repetían?, ¿hubo períodos de carencia?, ¿hubo una pérdida?, ¿qué significado adquirió el dinero?
Porque una persona puede haber dejado atrás aquella situación económica y, sin embargo, continuar viviendo de acuerdo con las reglas que aprendió durante aquella época.
El acontecimiento puede haber terminado. La situación puede haber cambiado. Pero la estructura que se construyó alrededor de aquella experiencia puede continuar funcionando.
Y aquí aparece otra diferencia fundamental
No debemos confundir un proceso progresivo con un acontecimiento de gran impacto. Hay experiencias que pueden desarrollarse durante meses o años, encontrando diferentes sostenes hasta formar una estructura.
Pero también existen acontecimientos que suceden en segundos. Un accidente, una noticia inesperada, una pérdida o una situación repentina pueden tener una intensidad suficiente para que la mente intente inmediatamente comprender qué acaba de suceder.
La mente interpreta, busca significado y relaciona lo ocurrido con nuestras experiencias, creencias y referencias anteriores. De esa interpretación puede surgir una codificación que posteriormente influya sobre nuestra manera de percibir y actuar.
ACONTECIMIENTO → IMPACTO → INTERPRETACIÓN → CODIFICACIÓN → PATRÓN
Por eso, en mi manera de investigar, el acontecimiento no es necesariamente aquello que permanece. Lo que necesito comprender es qué quedó construido después de él, dónde encontró sostén y qué continúa manteniéndolo activo en el presente.
INVESTIGAR · COMPRENDER · INTERVENIR
No partir de una conclusión.
No atribuir automáticamente un origen externo.
Investigar primero qué es, de dónde procede,
cómo se sostiene y por qué continúa activo.

